BOULENC, PANADERO.
Texto: Fernando Lobo  / Fotografía: Carlos R. Cervantes.

Juan Pablo Hernández llegó a Playa Mazunte en el año 2009, tomando distancia de la tragedia nacional que en ese momento se concentraba en su natal Saltillo, Coahuila. Para entonces, el pan ya había sido un medio de subsistencia.

To§o
El oficio de panadero ha acompañado a las civilizaciones. De hecho, podríamos pensar que las ha originado. En muchas ocasiones les ha permitido sobrevivir. Sería imposible imaginar la cultura occidental, sin el pan. A Mesoamérica el pan llegó por Occidente. A finales del siglo XIX, el historiador José Antonio Gay preveía que el cultivo de trigo en Oaxaca terminaría por sustituir a la milpa. Se equivocó, porque las tortillas y los panes cupieron bien en las mesas mexicanas. Cuestión de horarios.

Set
Un día llegó Juan Pablo a Oaxaca de Juárez. Consiguió un empleo y después también consiguió que su patrón le prestara un horno por las madrugadas. Vendía el producto recorriendo el andador Alcalá. Lo que en principio parecía una apuesta arriesgada, funcionó. Los peatones apreciaban el buen pan. Juan Pablo invitó a dos socios de Saltillo y abrieron Boulenc en Porfirio Díaz 222, Centro. En su apertura no era más que una puerta con un mostrador. Todo ha comenzado desde lo pequeño.

Cuenta Juan Pablo que en los inicios el público era básicamente extranjero y que recientemente se han hecho de una sólida clientela local. Difícilmente uno podría encontrar  en otro lado un Surdough de Brócoli (Brócoli salteado en ajo y tomillo fresco, tomates frescos, queso de cabra Ricardi y mayonesa picante de la casa), o una Shakshuka (huevos esclafado sobre salsa de tomate, ajo harissa, cebolla y cilantro, acompañados de queso estilo libanés), mientras observa cómo se prepara el pan de la casa, elaborado con trigo de Nochixtlán.

Boulenc_snadwich
Ahora, a unos pasos, los mismos socios abrieron Suculenta, “el arte de conservar”, una tienda de productos naturales con los mismos principios: la sencillez y el buen trato pueden ser un buen negocio.

Juan Pablo Hernández arrived on Mazunte beach in 2009, taking time to get away from the national tragedy that at that time was concentrated in his native Saltillo, Coahuila. By then, bread had already been a means of subsistence for him.

Boulenc_pizza
The role of baker has accompanied civilizations. In fact, we might think that it was the origin of them. On many occasions it has allowed them to survive. It would be impossible to imagine Western culture without bread. In Mesoamerica bread arrived from the West. At the end of the 19th century, the historian José Antonio Gay foresaw that the cultivation of wheat in Oaxaca would eventually replace the milpa. He was wrong, because tortillas and breads fit well on Mexican tables. It was a question of schedules.

Rollos, pan dulce y panaderos
One day Juan Pablo arrived in Oaxaca de Juárez. He got a job and afterwards he got his employer to loan him an oven in the early hours of the morning. He sold the product by walking the Alcalá pedestrian zone. What at first seemed like a risky bet worked out well. Pedestrians appreciated the good bread. Juan Pablo invited two partners from Saltillo and opened Boulenc in Porfirio Diaz 222, Colonia Centro. In its premises there is only one door with a counter. Everything started small.

Panaderos a la masa
Juan Pablo tells us that in the beginning the customers were basically made up of foreigners and that recently they have developed a solid local clientele. There is broccoli sautéed in garlic and fresh thyme, fresh tomatoes, Ricardi goat cheese and spicy mayonnaise from the house, or a Shakshuka (sliced eggs on tomato sauce, harissa garlic, onion and cilantro, accompanied by Lebanese style cheese) to eat while one watches how the bread is prepared in-house, made with wheat from Nochixtlán.

Horneando
Now, a few steps away, the same partners opened Suculenta, “The Art of Preservation”, a store of natural products following the same principle that simplicity and good treatment can make a good business.