Fernando Lobo.

Fotografía de obra: Archivo Adán Paredes.

Ubicada en Palo Alto California, la Universidad de Stanford es el equivalente a Harvard en la costa Oeste de Estados Unidos. Por sus aulas han pasado 27 premios Nobel, y su campus es tan extenso como para contener un acelerador lineal de partículas de dos kilómetros de largo (algo así como un gigantesco horno de microondas para investigación científica). Su impresionante colección de arte incluye, por ejemplo, pinturas de Rothko, Kooning y Pollock, o el catálogo más completo de obras del escultor Auguste Rodin.

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Actualmente, el colegio de negocios de Stanford construye el edificio que albergará su postgrado: el Highland Residencial Building. La obra fue encargada al despacho mexicano de arquitectos Legorreta + Legorreta. Para cubrir el suelo del patio central, de unos noventa metros cuadrados de diámetro, solicitaron una obra de Adán Paredes. El ceramista respondió con una propuesta de dimensiones proporcionales: 4600 piezas texturizadas de barro cocido a 1280 grados centígrados, en una gama difusa de morados, lilas y guindas rojizos, y el tono rojo seco distintivo de Stanford. Sobre cada mosaico dibujó símbolos distintos. Dichos símbolos son fruto de una prolongada investigación bibliográfica, basada en  la búsqueda de petroglifos (diseños neolíticos grabados en rocas).

Caballo, Oxidante copy

Los símbolos mutan. Son imágenes que sintetizan a las culturas, y las culturas se transforman todo el tiempo. Los símbolos pierden significados y adquieren otros nuevos mientras las civilizaciones florecen o se colapsan. El ceramista, que además de artista es arqueólogo, sabe de ese proceso de constante resignificación. Espirales sumerias, flechas celtas, colibrís mixtecos, caballos etruscos, conejos nahuas, serpientes de inframundos mitológicos, astros, montañas, letras de alfabetos extintos, imágenes creadas para que las entendiéramos, talladas en la superficie rugosa de la Historia. Los símbolos florecen porque la humanidad necesita significar cosas. Trazos realizados para trascender al tiempo. Todo el conjunto forma un entramado, un código que se descifra a través de la universalidad. Una constelación simbólica: Textil de huellas eternas.

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Los mosaicos fueron realizados en el taller Los Alacranes, ubicado en Santo Domingo Barrio Alto, Etla, en un proceso de experimentación con arcillas, texturas y tonos, un arduo trabajo de prueba y error. Y algo de azar. Serán trasladados por tierra, unos 4 mil kilómetros hasta Palo Alto. Oaxaca exporta símbolos.