DERNIER CRI, NO ES CHINGÓN.
Texto: Fernando Lobo. Fotografía: Cortesía IAGO Oaxaca.

“Dernier Cri no es lo último y no está a la moda”.

Estas líneas aparecen en el manifiesto original del colectivo marsellés de gráfica underground Dernier Cri, exhibido como texto de sala en la exposición El último grito, inaugurada el pasado 4 de noviembre en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. Interrogado ahí mismo, el fundador del colectivo, el artista marsellés Pakito Bolino, confiesa una fascinación por México, fundamentada en los grabados de José Guadalupe Posadas, la pintura de Diego Rivera, el concepto nacionalista-revolucionario de arte popular y los altares de muertos, razones curiosamente parecidas a las que atrajeron al surrealista André Breton.bolino_imprenarvde copy

“Dernier Cri no está en el escaparate de los templos del consumo cultural”.

A principios de los noventa, la etiqueta underground hacía sentido en el mundo del cómic, que en aquella época evolucionaba radicalmente. Y en el principio fue el punk. Bolino y sus secuaces elaboraban carteles para conciertos de rock punk, mientras un número creciente de artistas marginales acudían al taller de serigrafía para realizar tirajes cortos de sus obras a precios accesibles y con extraordinaria calidad. Dernier Cri trastocaba las condiciones  del mercado del arte, oponiéndose a la tradicional sobrevaloración de las obras, que las vuelve de uso exclusivo para las élites. En palabras de Bolino, “un Museo de Arte Moderno es como un hospital” (un lugar, según entiendo, ascéptico y lleno de enfermos).

“Dernier Cri es el alma del patito Feo”.

Con el tiempo el taller en Marsella se posicionó como un enclave para radicales y provocadores de todo el mundo, desde el sudeste asiático hasta Latinoamérica. En incontables ocasiones sus máquinas imprimieron lo que nadie estaba dispuesto a imprimir, ni en Japón. Dernier Cri tecnifica la obscenidad y alcanza la sofisticación de la sordidez. La exposición es de pronto un intenso y abigarrado parque temático, como si se hubiera logrado la domesticación de todo aquello que pueda perturbarnos.

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“Dernier Cri es una malformación mediática”.

Ya no estamos en los noventa. Autodefinirse underground en este nuevo siglo que se va haciendo líquido, reclama una explicación, porque el prestigio de Dernier Cri ya ha permeado en los circuitos convencionales del arte. ¿Cómo permanecer al margen cuando el arte capitalista reclama su tajada? ¿Cómo conservar la distancia entre el under y la marca registrada? Cuestionado al respecto, Bolino responde con modos de producción. “El mercado controla al artista. Nosotros dejamos que el artista controle su obra. Así no podemos ser expansivos, y expanderse es una de las exigencias del mercado”.

Por otro lado, no es fácil imaginar una pieza de Dernier Cri colgada en el lobby de un corporativo. Lo que en última instancia busca un colectivo como éste, nos dice Pakito, es la creación de un espacio en el que es posible crear con absoluta libertad.

“Dernier Cri is not the latest trend and is not
fashionalble.”

These lines appear in the original manifesto of the Marseilles-based underground graphic art collective Dernier Cri, exhibited as descriptive text in the showing of “El Ultimo Grito,” (The Last Cry) opened this past November 4th in the Graphic Arts Institute of Oaxaca.  Interviewed in this very spot, the founder of the collective, the Marseille-born artist Pakito Bolino, confessed to a fascination for Mexico, founded in José Guadalupe Posada’s prints, Diego Rivera´s paintings, the nationalist-revolutionary concept of popular art and the day of the dead altars, reasons strangely similar to those that attracted surrealist André Breton.

“Dernier Cri is not into the showcase of the temples of consumer culture.”

In the beginnings of the nineties, the label underground made sense in the comic world, which in that age evolved radically.  And in the beginning it was punk.  Bolino and his minions made posters for punk rock concerts, while a growing number of marginal artists were turning up at the screenprinting workshop to make short runs of their works at affordable prices but with extraordinary quality.  Dernier Cri disturbed the conditions of the art market, going against the overvaluation of art pieces, which turns them into something for the exclusive use of the elite.   In the words of Bolino, “a modern art museum is like a hospital” (a place, I understand, aseptic and full of sick people.)

“Dernier Cri is the soul of the ugly little duckling.”

With time the workshop in Marseilles positioned itself as an enclave for radicals and provocateurs from all over the world, from Southeast Asia to Latin America. On uncountable occasions his printing presses printed what no one else was willing to print, not even in Japan.  Dernier Cri  technifies obscenity and acheives the sofistication of sleaze.  The exhibit is suddenly an intense and mottled theme park, as if acheiving the domestication of all that can perturb us.

“Dernier Cri is a media malformation.”
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The nineties are over.  Selfdefining yourself underground in this new century that is becoming liquid, warrents an explanation, because Dernier Cri´s prestige has already permeated conventional art circles.   How can you remain on the fringe when capitalist art demands its slice of the pie?  How can you maintain the distance between being underground and a brand name?  When asked, Bolino responds with modes of production.  “The market controls the artist.  We allow the artist to control his work.  In this way we cannont be expansive, and expanding is one of the market demands.
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On the other hand, it´s not easy to imaging a Dernier Cri piece hanging in the lobby of a corporate office.  What a collective like this ultimately looks for, Pakito tells us, is the creation of a space where it´s possible to create with absolute liberty.

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