Por : Fernando Lobo

El fotógrafo es un transeúnte. Utiliza tanto los ojos como los pies. Durante años ha recorrido las calles de la ciudad, observando las paredes. Su labor es buscar piezas de arte abstracto creadas por el azar, la inconciencia y el paso del tiempo. Su mirada está entrenada para encontrar la composición, el punto de fuga, las proporciones, la dirección de la luz. El fotógrafo dispara. Cada encuadre tiene una intención definida. Las piezas capturadas se organizan en series que de algún modo nos cuentan una historia.  Accidentes en el muro, manchones, brochazos, consignas de protesta, carteles que se desprenden con el peso de otros carteles, sucesos que se trasnponen en capas, mudos testigos del transcurrir de la vida. El fotógrafo es un cronista de imágenes citadinas. “Soy urbano, demasiado urbano” declaró una vez Alejandro Echeverría.

Uno de los asuntos del fotógrafo está en las transformaciones que provocan las personas en sus espacios de trabajo. Con esa impronta registró las labores de remodelación del Ex Convento de Santo Domingo y del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca. De 2013 a 2017 visitó periódicamente una herrería, una ebanistería y una carpintería, negocios de barrio ubicados al norte de la ciudad. Locales en donde la compresora de aire es una herramienta esencial. Los maestros en el arte de aplicar pintura con una pistola de aire a presión, colocan el objeto a trabajar (supongamos, una puerta), y lo recargan en una pared del taller. Y en la pared, los residuos de pintura acumulada  van creando estos palimpsestos de color difuminado, imágenes que alcanzan una profundidad extraordinaria. “La luz se propaga en línea recta” nos explica Echeverría. Aunque los registros se han efectuado a los largo de cuatro años, la paleta de colores es reducida: rojos, negros, azules, blancos.

En su formato de fotografías para colgarse, la serie Propagación de la luz fue exhibida en Galería Resplandor durante el mes de abril. El fotógrafo es un transeúnte y sin duda también es un pintor extraordinario. Los habitantes de la ciudad aplican los colores. La pared es un lienzo. Echeverría ha logrado una de sus mejores series.

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ECHEVERRÍA, CRONISTA DE IMÁGENES

Fernando Lobo

The photographer is a passer-by. He uses both eyes and feet. For years he has walked the streets of the city, observing the walls. His job is to look for pieces of abstract art created by chance, unconsciousness and the passage of time. His gaze is trained to find the composition, the vanishing point, the proportions, the direction of the light. The photographer shoots. Each frame has a clear intention. The captured pieces are organized in series that somehow tell us a story. Accidents on the wall, patches, brushstrokes, slogans of protest, posters that fall off with the weight of other posters, events that are transposed in layers, the mute witnesses of the passing of life. The photographer is a chronicler of images of the city. “I’m urban, too urban”, Alejandro Echeverria once declared.

One of the photographer’s concerns is in the transformations that people create in their work spaces. With this printing the remodelling work of the former Convent of Santo Domingo and the Museum of Contemporary Art of Oaxaca is recorded. From 2013 to 2017, he periodically visited a blacksmith shop, a cabinet shop and a carpenter’s shop, neighbourhood businesses located north of the city: places where the air compressor is an essential tool. There he found professionals in the art of applying paint with a pressurized air gun; they place the object to paint (a door, for example), and lean it on a wall of the workshop. And on the wall, the residues of accumulated paint create pale-coloured palimpsests, images that reach an extraordinary depth. “Light propagates in a straight line,” explains Echeverría. Although the work records four years, the colour palette is reduced: red, black, blue, white.

In its format of photographs to hang, the series Propagación de la luz was exhibited in Galeria Resplandor during the month of April. The photographer is a passer-by and no doubt he is also an extraordinary painter. The inhabitants of the city apply the colours. The wall is a canvas. Echeverria has achieved one of his best series.