Fernando  Lobo

Alguna tarde de octubre del año 2009 acudí a la exposición titulada Corpus Aeternum en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, en la ciudad de Oaxaca, curada y organizada por Doctor Lakra en colaboración con la radióloga Lorena Ocampo. La muestra colectiva consistía en expresiones artísticas que utilizaran partes de cuerpos humanos conservadas con técnicas diversas. En una de las salas, sobre un pedestal, había un gran frasco de vidrio transparente cuyo interior contenía, suspendido en formol, un cerebro adulto en perfectas condiciones, aún conectado a su médula espinal. Recuerdo la escena a la perfección, debido a lo que pensé después de contemplarla por un momento. “Eso somos”, me dije. Una masa de lóbulos grasosos y un apéndice con la forma de un gusano enorme. El resto (el esqueleto, la epidermis, los demás órganos), es accesorio. Lo que percibimos, deseamos, hacemos y sentimos, nuestra voluntad entera está ahí adentro, en ese extraño bicho con apariencia alienígena. Salí del Álvarez Bravo con la sensación de que mi cuerpo era una prótesis. Era algo perturbador, y al mismo tiempo placentero.

lakra_mono_5

Menciono lo anterior por lo vívido del recuerdo, y porque francamente no es fácil escribir la semblanza de alguien que no puede estarse quieto, al mismo tiempo tatuador, comprador compulsivo de fetiches internacionales, pinchadiscos, un artista que lo mismo expone en el Museo de Pintores Oaxaqueños, la galería Kurimanzuto en Ciudad de México, la Kate Macgarry de Londres o la Kunthaus Tacheles de Berlín, y que tene piezas colocadas en la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Aunque, en el fondo, Lakra hace lo mismo que hacía desde la pubertad, sobre la mesabanca del salón de clases: dibujar. Y lo ha hecho en todas las superficies disponibles, excepto el lienzo (el artista es alérgico a ciertas convenciones).

En cualquier caso, si Lakra aplica sus líneas figurativas sobre muñecas de plástico, figuras antropomórficas tribales, revistas sexis de los años sesenta, afiches de luchadores legendarios, planchas de grabado, paredes urbanas o pieles vivas, hay, me parece, una propuesta estética constante: una mirada irónica sobre lo macabro. Las figuras saturan el espacio con el mismo aparente azar de las pesadillas. El dibujante revela un aspecto de la condición humana: lo monstruoso nos fascina.  Ya sea en culturas modernas o ancestrales, en los imaginarios colectivos o en las narrativas que trascienden épocas, todo está poblado por esperpentos. Y nos fascina porque el monstruo es una proyección de nosotros mismos, es temor y furia y deseo simultáneamente. Mejor será tomarlo por el lado amable, como una oportunidad para llevar el arte a los terrenos del humor negro.

El 9 de julio de este año, la galería Kurimanzuto inauguró la exposición Monomito, en la cual el Doctor Lakra muestra plenamente esa concepción animista que se encuentra detrás del coleccionista (o acumulador) de objetos-fetiches: las cosas poseen identidades propias, “espíritus”. A lo largo de la historia las civilizaciones crean figuras tótems: figuras semihumanas que se utilizan como instrumento de rituales. El artista sabe que el arte tiene algo de sacrificial. Y entre exquisitas piezas sacramentales y desechos de la cultura de masas, el Doctor ha construido todo un inframundo.

lakra_mono_4

He ahí el hilo conductor: una relación lúdica con los lados ocultos de la existencia. Eso veo también en el cartel de aniversario de Arrecife. Lo mismo da si la criatura aparece en un tatuaje o en el papel. La única diferencia (dijera Lakra en alguna entrevista), es que “el papel no se queja”.

English

“EL PAPEL NO SE QUEJA”: DOCTOR LAKRA

Fernando Lobo

One afternoon in October 2009 I went to the exhibition of Corpus Aeternum in the Manuel Alvarez Bravo Photographic Center in Oaxaca, curated and organized by Dr. Lakra in collaboration with the radiologist Lorena Ocampo. The exhibition sample consisted of artistic expressions that used human body parts preserved through various techniques. In one of the rooms, on a pedestal, there was a large clear glass jar which contained, suspended in formaldehyde, an adult brain in perfect condition, still connected to its spinal cord. I remember the scene perfectly, because of what I thought after contemplating it for a moment. “There we are,” I said. A greasy mass of lobes and an appendix in the shape of a huge worm. The rest (the skeleton, the epidermis, the other organs), is an accessory. What we perceive, desire, do and feel, our entire will is in there, in that strange bug with alien appearance. I left the Alvarez Bravo with the feeling that my body was a prosthesis. It was something disturbing and pleasurable at the same time.

lakra_mono_3

I mention above the vividness of these memories, and frankly because it is not easy to write the portrait of someone who cannot sit still, who is at the same time a tattooist, a compulsive purchaser of international fetishes, disc jockey, and artist who exhibits at the Museum of Oaxacan Painters, the Kurimanzuto Gallery in Mexico City, the Kate MacGarry in London and the Kunthaus Tacheles in Berlin, and has pieces placed in the Museum of Modern Art in New York. Although, basically, Lakra does the same thing he has been doing since puberty, on the classroom desk: drawing. And he has done it on all available surfaces except the canvas (the artist is allergic to certain conventions).

lakra_mono_2

In any case, if Lakra applies his figurative lines on plastic dolls, tribal anthropomorphic figures, sexy magazines of the sixties, posters of legendary fighters, engraving plates, city walls or live skins, there is, I think, a constant aesthetic proposal: an ironic look at the macabre. Figures cluttering space with the same apparent randomness of nightmares. The artist reveals an aspect of the human condition: the monstrous fascinates us. From either modern or ancient cultures, in the collective imagination or in narratives that transcend eras, everything is populated by scarecrows. It fascinates us because the monster is a projection of ourselves, is fear and anger and desire simultaneously. You’d better see it as something positive, as an opportunity to bring art to the land of black humour.

lakra_mono_1On 9 July this year, the Kurimanzuto gallery opened the exhibition Monomyth, in which Dr Lakra shows that animistic conception is behind the collector (or accumulator) of object-fetishes: things have their own identities, “spirits “. Throughout history, civilizations have created totem figures: half-human figures that are used as an instrument of ritual. The artist knows that art has some sacrificial importance. Among the sacramental images that are exquisite pieces and scraps of mass culture, the Doctor has built an entire underworld.

Here is the linker: it is a playful relationship with the hidden sides of existence. That you can also see on the poster for the Arrecife Magazine anniversary. It does not matter if the creature appears in a tattoo or on paper. The only difference (Lakra said in an interview), is that “the paper does not complain.”