EL PERIPLO DE LA MÁQUINA

Fernando Lobo

Fundado en París a finales del siglo XIX, el taller Clot, Bramsen & George contaba con la mejor tecnología en impresión litográfica. Por sus prensas pasaron trabajos de inmortales como Degas, Cezanne, Rodin, Renoir.
En la primera década del siglo XXI fue fabricada en Francia la Voirin, una prensa litográfica de ocho toneladas de hierro colado. Era lo último en tecnología de ilustración a color. Sus primeros usos fueron seguramente para     fines industriales: etiquetas, carteles publicitarios, revistas. En algún momento del siglo, una de esas máquinas fue a parar al taller Bramsen.

A finales de los años sesenta, el taller se mudó a la calle Vielle du Temple, en el barrio de Marais. Ahí se aparecen maestros de nuevas vanguardias como Topor, Saura o Tabuchi. También está un mexicano, un tal Francisco Toledo.

En los ochentas, otro artista mexicano ingresa al taller en calidad de aprendiz de impresor: Francisco Limón. Está a cargo Christian Bramsen, descendiente de una dinastía de grabadores. Para el siglo XXI, el taller de París se actualiza y una máquina Voirin está a punto de convertirse en chatarra. Con el afán de evitar la tragedia, Bramsen entrega la máquina a Limón, quien acepta el desafío de transportar el monstruo hasta la ciudad de Oaxaca, por la vía del océano Atlántico, entre los puertos de Havre y Veracruz, en un contenedor de carga pesada.
En Oaxaca, La Máquina comenzó a recibir a fuertes artistas locales: la naturalidad desparpajada de Olguín, los modos casi orientales del sensei Herrera, la maliciosa precisión de Jeff Tocci, los divertidos exotismos de Doctor Lakra. Recientemente llegó Toledo, como si regresara de otro lado.


En los últimos días, La Máquina acoge los trazos delirantes de Oscar de las Flores, un salvadoreño que representa la migración de artistas a estos valles, y que satura los planos con un trazo experto que parece guiado por alguna especie de conciencia alterada.

La piedra caliza utilizada en la litografía se formó en una sedimentación de caracoles durante millones de años. La técnica litográfica se suma al desarrollo del grabado para hacer una historia de siglos. El tiempo se mueve. Los engranes de la máquina siguen girando.

 


 

The journey of the machine

Fernando Lobo

Founded in Paris at the end of the XIX century, The Clot, Bramsen & George Workshop housed the best technology in lithographic printing. Through their presses passed the works of immortals like Degas, Cezanne, Rodin and Renoir.

In the first decade of the XXI century, the Voirin was made in France, a lithographic press made from eight tons of cast iron. It was the latest in color illustration technology. It´s first uses were surely for industrial purposes: labels, publicity posters, magazines. At some point in that century, one of these machines showed up at the Bramsen workshop.
At the end of the seventies, the workshop moved to Vielle du Temple street, in the Marais neighborhood. There, masters of the new vanguard showed up like Topor, Saura and Tabuchi. And some Mexican…known as Francisco Toledo.
In the eighties, another Mexican artist enters the workshop as a apprentice to the printer: Francisco Limón. He is placed under the charge of Christian Bramsen, a descendent of a dynasty of printers. By the XXI century, the workshop in Paris renovates and one of the Voirin machines is almost turned into scrap metal. With the hope of averting this tragedy, Bramsen gives the press to Limón, who accepted the challenge of transporting the monster to the city of Oaxaca, over the Atlantic Ocean, between the ports of Havre and Veracruz, in a heavy-cargo container.
In Oaxaca, The Machine began to receive strong local artists: Olguin´s flawless ease,
sensei Herrera’s almost oriental ways, Jeff Tocci´s malicious precision, Doctor Lakra´s fun eroticisms. Recently Toledo arrived, as if back from the other side.

Lately, “The Machine” welcomes the delirious strokes of Oscar de las Flores, a Salvadoran who represents the migration of artists to these valleys, and who saturated the planes with an expert stroke that seems to be guided by a type of altered consciousness.

The limestone used in lithography was formed in a sedimentation of shells over millions of years. The lithographic technique joins the development of printing to make a history of centuries. Time moves. The gears of the machine keep spinning.