Las civilizaciones que se desarrollaron en el pasado en Mesoamérica  desarrollaron muchas obras deslumbrantes en el campo de la escultura, desde la primer gran  cultura que fue la Olmeca y hasta llegar al último imperio Azteca, hubo grandes escultores tanto en piedra como en barro, que hacen de los museos dedicados al arte del pasado,  verdaderas lecciones estéticas en este arte tridimensional. Cuando Rufino Tamayo entregó en 1974 su colección de Arte Prehispánico a Oaxaca, insistió en decir a quienes lo entrevistaron, que para él era una manera de darle a los jóvenes artistas oaxaqueños, un espacio para el estudio y el disfrute del arte. Tamayo eligió cada pieza a lo largo de su vida, la maestría que vemos en sus figuras pintadas siempre tiene algo de rotundo, sus figuras en su sencillez son escultóricas dentro del cuadro. El gran artista  trabajó durante dos años con el museógrafo Fernando Gamboa en la disposición y orden de las esculturas, en la selección de piezas, en el color de muros y vitrinas.  Es así cómo nace Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo, el primero que impulsó un artista en la Ciudad de Oaxaca, poniendo la piedra fundacional de la efervescencia cultural que vive nuestra entidad. Después de inaugurado el museo, Tamayo regaló para la manutención del recinto ediciones de varias obras gráficas en las que trazó algunas de las esculturillas de la colección y una vez impresas, las atravesó con un gesto cromático que era para él una declaración de principios estéticos, un manifiesto en el que explicaba como su trazo moderno, colorido, se había cruzado con la estética de los pueblos antiguos, aprendiendo las generosas lecciones que recibió de Zapotecas, Mayas, Aztecas, Huastecos, Olmecas  para el desarrollo de un estilo suyo, personal, que lo colocó como uno de los grandes artistas del mundo.

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   Hoy día el museo abre sus puertas a artistas de distintas generaciones, quienes aglutinados en la colección Figueroa & Hernández nos muestran lo que los pintores oaxaqueños hacen hoy día en el campo del arte escultórico. Varios de los nombres incluidos, como Alejandro Santiago y Maximino Javier, formaron parte del mítico taller Rufino Tamayo, apadrinado por el artista cuando su director Roberto Donís dejó junto con un grupo de alumnos sus clases en la Escuela de Bellas Artes para formar este espacio independizado de la Universidad. El taller se formó justo en 1974 y Tamayo y Toledo lo apoyaron pues con el Museo de Arte Prehispánico y un espacio de creación pictórica y gráfica, se daban los pasos para formar visualmente y en la práctica a los jóvenes interesados. Toledo, continúo después en Oaxaca el ejemplo de Tamayo, pero en la ciudad de Juchitán, abrió dos años antes La Casa de la Cultura de Juchitán, a dónde también donó piezas de arte prehispánico y una importante biblioteca. Sería hasta 1988 que funda en la capital oaxaqueña el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, donde el público ha podido ver exposiciones desde clásicas como Los Caprichos de Goya o códices prehispánicos hasta de arte contemporáneo como Gabriel Orozco. Toledo ha hecho de Oaxaca un verdadero circuito de experiencias culturales, nadie conozco yo en el mundo que haya generado tanto en materia de bibliotecas, cines, espacios expositivos, talleres, recintos para conferencias, rescate de Patrimonio Cultural Edificado e intangible.  A nivel nacional, el primer Museo donado por un artista fue el Anahuacalli de Diego Rivera, cuya concepción inició desde finales de los años cincuenta pero que se concluiría hasta los sesenta y que también aloja la colección prehispánica de este artista, quién diseñó la asombrosa arquitectura del recinto. Esa labor de muchos artistas mexicanos, por legar parte de sus bienes y colecciones, o realizar trabajo de promotores culturales además de creadores, hizo que también Alejandro Santiago, fallecido hace tres años, construyera el único museo especializado en escultura que ha habido en la entidad oaxaqueña: el Espacio Escultórico La Telaraña.  Otros artistas participantes en la muestra como Demián Flores y Guillermo Olguín han sido impulsores de actividades culturales múltiples desde espacios culturales privados, otros como Rubén Leyva y Luis Zárate han apoyado con trabajo espacios como el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca o el Jardín Botánico.MHM_Zarate_Esc_0036

     Así pues, vemos que las colecciones pre colombinas de Rufino Tamayo y la contemporánea de Juan Manuel Figueroa, se encuentran por vez primera en el recinto, haciendo que el legado de Tamayo adquiera un potencial vivo y actuante, pues numerosos artistas y espacios tanto independientes como gubernamentales, hacen hoy de Oaxaca un centro  de primer orden en la actividad artística de nuestro país. Las piezas que se presentan en esta ocasión por artistas actuales, fueron fundidas todas en la ciudad de México, en el Taller dela familia Ochoa encabezada por Cristóbal. Los estilos que cada escultor despliega son muy distintos y muy variadas también son sus trayectorias, porque además hay grandes diferencias generacionales. Pero todos ellos son herederos del legado que Tamayo quiso legar a su ciudad natal y de alguna manera, su quehacer es posible, por lo que construyeron los artistas que los preceden. El coleccionismo en este caso del  empresario Juan Manuel Figueroa, quien además tiene vocación de promotor cultural, puesto que ha impulsado ya diversas exposiciones, así como residencias artísticas, libros y ediciones de escultura y gráfica de los artistas que colecciona, haciendo también posible la reunión de estas piezas.

97 x 33 cm.

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 Rufino Tamayo realizó apenas un puñado de esculturas a lo largo de su vida, pero la más destacada es La Espiga (1980) que se sitúa en el Centro Cultural Universitario de la UNAM, y que pareciera una torre rematada por  una veleta de ojos que se llenan del cielo que la circunda. Con esa imagen de unos ojos llenos de universo, Tamayo quería resumir la potencia creadora del conocimiento, la ciencia y el arte. Así pues, tomemos la metáfora estética de Tamayo y dejemos que los artistas del pasado y el presenten llenen nuestras miradas con la fuerza de su imaginación y las formas escultóricas que construyeron.

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Fernando Gálvez de Aguinaga

 

 

SCULPTURE IN TWO PERIODS

The civilizations that developed in the past in Mesoamerica created many stunning works in the field of sculpture, from the first great culture, the Olmecs, and until the last Aztec empire, there were great sculptors in both stone and clay that make museums dedicated to art of the past true aesthetic lessons in this three-dimensional art. In 1974, when Rufino Tamayo gifted his collection of Pre-Hispanic Art from Oaxaca, in interviews he insisted that it was a way for him to give young Oaxacan artists a space for the study and enjoyment of art. Tamayo chose each piece throughout his life, the mastery we see in his painted figures is always resounding, his figures have a sculptural simplicity. The great artist worked for two years with the museographer Fernando Gamboa in the arrangement and order of the sculptures and in the selection of pieces, color of walls and windows. This is how the Museum of Pre-Hispanic Art Rufino Tamayo was born, the first artist to attempt such a project in the city of Oaxaca, laying the corner stone of our living cultural effervescence. After the museum was opened, Tamayo gave funds for the maintenance of several graphic works that drew on some of the smaller sculptures in the collection and, once printed, crossed with a chromatic gesture that was for him a statement of aesthetic principles, a manifesto in which he explained its modern, colorful, layout had crossed the aesthetics of ancient people, learning the generous lessons he received from Zapotecs, Mayas, Aztecs, Huastecos, and Olmecs to develop a personal style which placed him as one of the great artists of the world.

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Today the museum opens its doors to artists from different generations, who add to the Hernandez & Figueroa collection and show us what Oaxacan artists do today in the field of sculpture. Several of the names included, Alejandro Santiago and Maximino Javier, were part of the legendary Rufino Tamayo workshop, sponsored by the artist when its director, Roberto Donis, left with a group of students classes at the School of Fine Arts to form this space independent of the University. The workshop was formed in 1974 and Tamayo and Toledo supported him at the Museum of Pre-Hispanic Art and a space for pictorial and graphic creation; the aims were to visually and practically train interested young people. Toledo continued the example of Tamayo in Oaxaca, but in the city of Juchitan he opened the Casa de Cultura of Juchitan two years before, where he also donated pieces of pre-Columbian art and an important library. It wouldn’t be until 1988 that the Oaxacan capital based Institute of Graphic Arts of Oaxaca opened, where the public has seen exhibitions from classics such as Los Caprichos de Goya or prehispanic codices to contemporary art by Gabriel Orozco. Toledo has made Oaxaca a real circuit  of cultural experiences. No one in the world that I know has generated more in terms of libraries, cinemas, exhibition spaces, workshops, conference halls, rescuing built cultural heritage and other intangible things. Nationally, the first museum donated by an artist was the Anahuacalli given by Diego Rivera, whose design began in the late fifties but wasn’t concluded until the sixties and which also houses the prehispanic collection of the artist, who designed the stunning architecture enclosure. The work of many Mexican artists, in bequeathing part of their property and collections, or performing the work of cultural promoters well as creators, for example Alejandro Santiago, who died three years ago, who built the only specialized in sculpture museum in the state of Oaxaca: the Espacio Escultorico La Telaraña. Other participants such as Demian Flores and Guillermo Olguin have been drivers of many cultural activities from private cultural spaces, others as Ruben Leyva and Luis Zárate have supported work spaces such as the Museum of Contemporary Art of Oaxaca or the Botanical Gardens.

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Thus we see that the pre Columbian collections of Rufino Tamayo and contemporary collections of Juan Manuel Figueroa, are for the first time on the premises, making the legacy of Tamayo to acquire a living and active potential through many artists and both independent and government spaces, making Oaxaca a center of first order in the artistic activity of our country today. The pieces presented on this occasion by contemporary artists, all were cast in Mexico City, at the Workshop of the Ochoa family headed by Christopher. The styles that each sculptor displays are very different and varied in their paths, because there are also large generational differences. But they are all heirs of the legacy that Tamayo wanted to bequeath to his hometown and because this was possible, the artists built on the work of those who preceded them. The collection, in this case, was made by the businessman Juan Manuel Figueroa, who also has a vocation as a cultural promoter, and has already promoted various exhibitions and artist residencies, books and editions of sculpture and graphics of the artists who he collects, making the meeting of these two part possible.

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Rufino Tamayo made only a handful of sculptures throughout his life, but the most prominent is La Espiga (1980) which is situated in the University Cultural Center of the UNAM, and look like a tower topped by an eye-shaped weather vane that fills the sky that surrounds it. With this image of eyes filled by the universe, Tamayo wanted to summarize the creative power of knowledge, both science and art. So, we should take the aesthetic metaphor of Tamayo and let the artists past and present fill our eyes with the force of his imagination and their sculptural forms

Fernando Galvez de Aguinaga