Texto: Fernando Lobo

En el año 1892, Joaquina García y Concepción Martínez, poblanas, se mudan a Oaxaca de Juárez e instalan un prostíbulo en la calle de Hidalgo, a pocas cuadras del zócalo. En ese mismo año comienza a funcionar la ruta de ferrocarril hasta Ciudad de México. Oaxaca vive entonces un breve periodo de prosperidad económica. Joaquina fue pionera en un inovador modelo empresarial que ya era conocido en otras capitales del país con eufemismos como “casa de citas” o “club para caballeros”.

Alrededor de esta modalidad de trabajo sexual se organizó todo un sistema de regulación médica, legal y administrativa, a cargo de los ayuntamientos. Era una industria tolerada hasta cierto punto, y había un Reglamento de las mujeres públicas. Las matronas competían intensamente entre ellas, buscaban casonas céntricas y espaciosas, tramitaban licencias, pagaban altos impuestos, recibían multas y promovían amparos en los juzgados si las autoridades intentaban clausurar sus locales.. Algunos nombres son legendarios: Rossina Bianchi, Elena Bello, Juana Castellanos, Maximiana. Llegaban prostitutas de Cuba, Francia o Estados Unidos. También había de Veracruz, Puebla, México, Guadalajara. Con el paso del tiempo comenzó a dominar la contratación de mujeres locales. En los siguientes años se abrieron veinte burdeles dentro de la ciudad. Había un promedio de cien prostitutas en activo, todas registradas en archivos municipales, con exámenes médicos periódicos.

El trato entre las madames y las autoridades locales solía ser tenso. El ayuntamiento imponía multas que ellas consideraban abusivas, y las clausuras eran constantes. Los funcionarios debían lidiar con una opinión pública mojigata, y con las quejas de los vecinos y del clero. Por su parte, las madames tenían clientes poderosos. Estaban asesoradas por abogados que sabían lo que hacían. Gracias a estos litigios, al intercambio de los alegatos y al trabajo de la investigadora Fabiola Baylón Vásquez, autora de Matronas y burdeles de la Verde Antequera, 1890-1912: apropiación, defensa y negociación del comercio sexual “tolerado”, podemos imaginar a estas mujeres cosmopolitas, temerarias, astutas, mañosísimas: “No tomen en consideración nuestros señores regidores la manera de cómo yo y mis pupilas nos proporcionamos recursos para nuestra subsistencia pues fue nuestro fatal destino”, argumenta Joaquina en un oficio dirigido al municipio. Gracias al engorroso papeleo, sabemos que había burdeles de primera clase, segunda y tercera, y que los impuestos aumentaban si había cantina, o piano, o si se realizaban bailes los fines de semana.

Elena Sánchez tenía 31 años cuando entró al negocio. Poco  después, casi toda su competencia había quebrado. Era la más joven de las madames y la única que nunca fue prostituta. En 1908 Se instaló en la calle 18 de la 3ª calle de Allende. En palabras de la doctora Baylón, Elena Sánchez fue “la matrona más importante y poderosa que tuvo la ciudad de Oaxaca durante el porfiriato”. También fue dueña del burdel que permaneció más tiempo abierto: quince años. Llegó a recibir hasta 38 pupilas de todo el país. Se dice que seleccionaba a su clientela tan estrictamente como a su personal.

Al término del porfiriato, el negocio glamoroso de las matronas comienza a decaer. El comercio sexual se repliega hacia las riberas del Atoyac, de regreso a la clandestinidad. La casona de Allende se convirtió en una vecindad, recientemente fue remodelada y hoy es el domicilio de Casa Estambul.

En Casa Estambul atiende el cocinero Octavio Ramírez Hernández, uno de los protagonistas del boom gastronómico oaxaqueño desde sus comienzos, hace más de diez años en Los Danzantes. El lugar está decorado con murales de Doctor Lakra, Antonio Camuñas y Sabino Guisu. En sus menús del día encuentras platos como un callo de hacha sellado con chintextle, brotes y alioli, o medallones en salsa forestiere, o un pastelito de requesón. Al final de la semana se escucha jazz en vivo o música electrónica. En la barra hay de todo pero destaca la amplia variedad de sakes y la línea completa de Mezcal Ilegal. El local conserva las formas originales de la antgua casona porfiriana.

Las ciudades se transforman y, sin embargo, al recorrerlas y habitarlas, se encuentran esas entradas de adobe y piedra que nos conducen directamente al pasado.

ENGLISH

In 1892, Joaquina García and Concepción Martínez, both from Puebla, moved to Oaxaca de Juárez and installed a brothel on Calle Hidalgo, a few blocks from the zocalo. In the same year the railway began to run to Mexico City. Oaxaca then enjoyed a brief period of economic prosperity. Joaquina was a pioneer in an innovative business model that was already known in other capitals of the country with euphemisms like “the house for appointments” or “gentlemen’s’ club”.

Around the sex work a whole system of medical, legal and administrative regulation was organized by city councils. It was an industry tolerated to some extent, and there was a Rule Book for Public Women. The ladies competed intensively with each other, sought central and spacious houses, filed licenses, paid high taxes, received fines, and filed for protection in the courts if the authorities tried to close down their premises. Some names are legendary: Rossina Bianchi, Elena Bello, Juana Castellanos, Maximiana. Prostitutes came from as far afield as Cuba, France or the United States. There were also others from Veracruz, Puebla, Mexico, and Guadalajara. With the passage of time the hiring of local women began to dominate the industry. In the following years twenty brothels opened inside the city. There was an average of about one hundred active prostitutes, all registered in municipal files, who underwent periodical medical examinations.

The dealings between the madams and the local authorities tended to be tense. The city council imposed fines that the women considered abusive, and the closures were constant. City officials had to deal with a prudish public opinion, and with complaints from both neighbors and the clergy. For their part, the ladies had powerful clients: they were advised by lawyers who knew what they were doing. Thanks to these disputes, the exchange of the allegations and the work of the researcher Fabiola Baylón Vásquez, author of Madams and Brothels of Verde Antequera 1890-1912: appropriation, defense and negotiation of the “tolerated” sex trade (Matronas y burdeles de la Verde Antequera, 1890-1912) we can imagine that these women were cosmopolitan reckless, and cunning. “Our officials do not take into consideration the way that I and my pupils provide resources for our survival, because it was our fatal destiny”, argues Joaquina in a letter addressed to the municipal authorities. Thanks to large amounts of paperwork, we know that there were first, second and third-class brothels, and that taxes increased if there was a cantina, or a piano, or if there were dances at the weekends.

Elena Sanchez was 31 years old when she entered the business. Soon afterwards, almost all of her competition had broken down. She was the youngest of the madams and the only one who was never a prostitute. In 1908 she installed herself at number 18 on the 3rd block of Allende street. In the words of Dr. Baylón, Elena Sanchez was “the most important and powerful madam that the city of Oaxaca had during the Porfiriato.” She owned the brothel that remained open the longest: fifteen years. It received up to 38 girls from all over the country. It is said that she selected her clientele as strictly as her staff.

At the end of the Porfiriato, the glamorous business of the matrons begins to decline. The sex indsutry moved to the Riberas del Atoyac, back into hiding. The house on Allende street became a tenement, was recently remodeled and today is the home of Casa Estambul.

In Casa Estambul, the chef is Octavio Ramírez Hernández, one of the leaders of Oaxaca’s gastronomic ‘boom’ since its beginnings, more than ten years ago in Los Danzantes. The place is decorated with murals created by Doctor Lakra, Antonio Camuñas and Sabino Guisu. On their daily menus you will find dishes such as callo de hacha sealed with chintextle, sprouts and alioli, or medallions in forestiere sauce, or a cottage cheese pastry. At the end of the week you can hear live jazz or electronic music. In the bar, there is everything including a wide variety of sakes and the complete line of ‘Illegal’ Mezcal. The place conserves the original forms of the old, porfiriato house.

     Cities transform, and yet, when you walk through them and inhabit them, you will find those adobe and stone entrances that take us directly to the past.