Captura de pantalla 2017-08-07 a la(s) 19.15.54

Museo Infantil de Oaxaca.

Texto: Fernando Lobo. Fotografía: Fernando Arce.

Fue el general Porfirio Díaz quien inauguró la estación Oaxaca del Ferrocarril Mexicano del Sur en 1892. Sería la última vez que el presidente eternizado visitó la ciudad en la que providencialmente nació. También fue la conclusión de una proeza: tender 327 kilómetros de vía que atravesaran la complicada geografía oaxaqueña. Desde la estación ubicada en la cordillera mixteca, a lo alto del cañón de Tomellín, a dos mil metros sobre el nivel del mar, llegar a Oaxaca significaba un descenso de 500 metros de altitud.

DSC_3042 copia

La Compañía del Ferrocarril Mexicano del Sur, empresa financiada con capitales estadunidenses y mexicanos, ambicionaba conectar el puerto de Veracruz, vía Ciudad de México, con el de Tehuantepec y con Centroamérica, creando así rutas comerciales transcontinentales. A su vez, el sur del país adquiriría materias primas como carbón y fierro mientras transportaba productos agrícolas hacia el norte. La ruta contaba con 28 estaciones, 17 locomotoras, 24 vagones de pasajeros y 298 furgones de carga.

El ferrocarril convirtió a Oaxaca en un enclave de mercancías provenientes de las regiones del estado hacia el centro y viceversa. La vida económica de la ciudad se intensificó y se transformó, proliferaron almacenes, dispensarios, tiendas en las que podías conseguir productos que hasta entonces solo estaban disponibles en la capital del país. Y la migración también viajó en tren.

El último viaje del Ferrocarril del Sur fue en 1999. Quedó en silencio la estación ubicada en el barrio del Ex Marquezado, los fuertes muros de cantera que albergaron febril actividad, el almacén de carga, los talleres, la oficina de telégrafos, la taquilla, el comedor y la cocina. En el año 2003 se inagura en el edificio el Museo del Ferrocarril. Maquinaria, rieles y vagones pasaban a ser piezas, testimonios fragmentarios de un pasado no muy lejano.DSC_2977 copiaEn 2017, bajo el auspicio de la Fundación Harp, se concluye una remodelación profunda del inmueble, con el fin de instalar el Museo infantil de Oaxaca. Ahora hay aquí una biblioteca perfectamente equipada, vagones restaurados en donde se imparten talleres sobre medio ambiente, patrimonio arqueológico o filatelia. Los antiguos talleres se han acondicionado para actividades artísticas, y atrás hay una huerta. Aún quedan los rieles y algunos montacargas, y una sala en donde todavía se exhiben vestigios del poderoso medio de transporte. Las ciudades cambian y nos transforman. Los edificios se modifican. Conservan la historia bajo sus gruesos muros de cantera.

ENGLISH

It was General Porfirio Díaz who opened the Southern Mexico Railway Station in Oaxaca in 1892. It was the last time the eternal president would visit the city where he was providentially born.  It was also the conclusion of a tour de force: to lie out 327 kilometers of track that crossed the complicated Oaxacan geography.  From the station located in the Mixtecan mountain range, to the height of the Tomellín canyon, 2000 feet above sea level, to arrive in Oaxaca meant a 500-meter descent.

DSC_2966 copia

The Southern Mexico Railway Company, a business financed by North-American and Mexican capital, aspired to connect the Port of Veracruz, through Mexico City, with the ports of Tehuantepec and Central America, in this way creating transcontinental commercial routes.

In turn, the south of Mexico would acquire raw materials like coal and steel while they transported agricultural products towards the north.  The route was made up of 28 stations, 17 engines, 24 passenger cars and 298 cargo wagons.

The train station converted Oaxaca into an enclave of merchandise originating from the different regions of the state towards the center and back again.  The economic life of the city intensified and transformed.  Warehouses, dispensaries and stores proliferated where you could find products that until then where only available in the nations capital.

DSC_3000 copia

And migration also traveled by train.

The last trip made on the Southern Railway was in 1999.  The station located in the

Ex Marquezado neighborhood was left silent, along with the strong marble walls that once housed feverish activity, the loading docks, the workshops, the telegraph office, the ticket booth, the dining hall and the kitchen.  In 2003 the Railway Museum was inaugurated.  Machinery, tracks and train cars became collection items, fragmented testimonies of a not-so-long-ago past.

In 2017, under the sponsorship of the Harp Foundation, a deep remodeling of the building was concluded, with the ultimate goal of installing the Children´s Museum of Oaxaca.

Now there is a perfectly equipped library, and restored train cars where workshops are given about the environment, archeological heritage or stamp collecting.  The old workshops have been conditioned for artistic activities, and in the back there is a garden.  There are still some tracks and service elevators, and a hall where some old vestiges of this powerful means of transport are exhibited.  Cities change and they transform us.  Buildings are modified.  They conserve history under their thick marble walls.