En el rancho de 314 Punto Natural conviven animales en espacios amplios, siembras controladas con métodos que no usan sustancias químicas y la curiosidad jovial de dos hermanos que apuestan por un consumo responsable de alimentos.

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Gallinas grises juguetean a los pies de un mogote, conviven toros con una burra llamada Pancha, cerdos se acercan curiosos a ver como dejan pulcros sus comederos, y bajo los blancos techos de invernaderos crecen con sigilo vegetales variopintos. Es el sueño de un granjero, paraíso de animales domésticos, que aunque llegan a ser sacrificados, los dueños de este sitio, 314 Punto Natural, Mario y Cecilia Fernández, sienten que les dieron una vida plena, con respeto, una vida feliz.

Lo que en un principio fue el sitio de esparcimiento familiar, se ha transformado en un negocio donde se han retomado las actividades granjeras que el padre de ellos, señor Mario Fernández, les había enseñado desde pequeños. El señor Mario se ha dedicado a la construcción de estructuras de acero, y fue pionero en Oaxaca en la realización de invernaderos, que aunado al encanto por el campo, fue dupla exitosa en experimentaciones con cultivos hidropónicos. “Era nuestro sitio en el campo, cuando la mancha urbana no era tan grande, antes llegar acá era difícil y se sentía lejos, eran lagunas y nada de urbanismo en estos lados de Xoxocotlán” comenta risueña Cecilia.

IMG_5103Llegaron a vender cosechas de tomates en la Central de Abastos de Oaxaca, los que el señor Mario logró cultivar, pero el mercado controlado por los precios de Sinaloa que obligaban a abaratar al resto de productores, desalentaron al experimentador granjero y terminó por abandonar la actividad, mientras sus hijos deciden realizar cada uno estudios universitarios, ella Arquitectura en Puebla, el otro Ingeniería Industrial en Oaxaca, las tareas de sembrar y cosechar se abandonaron un buen rato.

Ya profesional, Mario hijo, decide regresar al sitio en el campo, donde pasó ratos entre una palapa, una alberca y los cultivos, pero esta vez para vivir allí, ocupar ese espacio que estaba apenas cuidado. Empezó a introducir animales y limpiar los invernaderos para activarlos, de esos inicios comenta “primero fueron diez gallinas, la primera noche una murió, no sabía nada sobre gallinas; y así primero los huevos fueron de consumo personal, luego familiares empezaron a pedirme, y fue subiendo la demanda; llegaron más aves…yo dije: si quieren más huevos les daremos más huevos”.

Ahora Mario, es un conocedor de sus gallinas por sus múltiples lecturas y el contacto con veterinarios amigos, es miembro de una organización de criadores de aves y puede ofrecer un discurso completo sobre cómo mantener gallinas, las enfermedades que las afectan; aprendió que no se necesita de un gallo para que estas pongan, que un huevo se produce cada 24 horas, que la luz artificial solo acelera el proceso de formación de huevos irrespetando el tiempo natural de producción; que necesitan espacios abiertos para que no

se estresen, un medio metro cuadrado por gallina; que no necesitan de cortes en sus picos porque al ser libres no buscan matarse entre ellas, y con lujo de detalle puede explicar el ciclo completo de un huevo.

Al poco tiempo de Mario instalarse, Cecilia regresa por unas vacaciones, y se fija en el potencial que tiene la actividad que viene realizando su hermano, conversan para terminar haciendo una marca, “es que yo le decía que ya él no podía seguir saliendo a vender sin un empaque, sin una marca, así que empezaron a surgir ideas” con la experiencia de trabajo en una empresa publicitaria, toma sus modestos conocimientos en el ramo y proyecta un negocio. Primero pensar en el nombre, superando la tentación de dejarse llevar por sentimentalismos, pasaron de nombres como: huevos Don Pancho, Doña Clarita, meramente homenajes a seres queridos, decidiéndose por usar una cifra numérica que los ha acompañado durante toda la vida, la combinación 314. Les aparece en sus números de residencia, números telefónicos, placas de autos, al preguntar la hora varias veces ha sido exacto 3:14, así que por la constante presencia numérica lo incluyen en su nombre, una cifra amigable nada más, nada que ver con numerología o algún concepto rebuscado, explican en su fresco conversar estos hermanos. Con un planteamiento claro de lo que buscaban ofrecer, los Fernández se unen para empezar a trabajar los terrenos, primero recuperando los invernaderos, nutriendo la tierra, y probando en un surco en el suelo las primeras semillas que se multiplicarían por cientos y llenarían de verde nutritivo varias naves de siembra.

IMG_5155 2314 Punto Natural, nace entonces del ideario de dos hermanos, que inspirados en el gusto por los animales y vegetales que se crían o cultivan con respeto, deciden crear una red de tiendas, o un rancho de producción y tiendas, que más que tiendas, consideran puntos de distribución en una localidad, puntos naturales. Un proyecto que nació hace dos años aproximadamente y que apostó por un mercado antes no abordado por este tipo de emprendimientos, el de los hoteles y restaurantes, contando actualmente con una cartera de clientes reconocidos en el ramo, un ejemplo: los restaurantes Origen y Pitiona.

“Es que la gente que sabe de cocina, es la que valora nuestros productos” dice espontánea Cecilia, recordando que en sus primeros días hacían entregas a domicilio a particulares, y estos no eran cumplidos con los pagos o simplemente no estaban al momento de hacer la entrega, evidenciándose poco aprecio por todo el trabajo y la calidad de sus productos. Por eso, ahora sus clientes favoritos son los cocineros, por quienes se decidieron a incluir la venta de carnes, leche y otros productos, incluso vienen trabajando cosechas personalizadas dependiendo de las peticiones, lo último, unos chayotes bebe, que es su diminuta forma ofrecen un sabor dulce destacado, es como comerse una frutita, una golosina.

Son betabeles, lechugas, espinacas, acelgas, zanahorias, kales y cebollas en los tamaños que se quieran; también perejil, cilantro y carnes de aves (pollo, pato o ganso), parte del abanico de opciones que ofrecen actualmente, dejando también las puertas abiertas a trabajar con

nuevos productos, lo que se solicite. Son vendedores que hacen recordar esos días donde la sabiduría del campo mandaba en los mercados, donde campesinos no utilizaban pesticidas o agroquímicos para obtener buenas cosechas, pero ellos tienen el complemento urbano de una educación académica, ganas de seguir aprendiendo, abiertos a la experimentación y con conciencia sobre el trato animal, fundiéndose todo en una empresa que garantiza ingredientes sanos y que comparte el gusto por la buena mesa de sus creadores.

Para contactar y consultar mayor información sobre sus productos:

Facebook: 314 Punto Natural

Teléfono: 9511818010

Frederick J. Silva

Instagram: @aquetesabe

English

The knowledge of the countryside made contemporary

At the Punto Natural 314 ranch, the animals live in open areas, the farming is done without the use of chemicals, and two siblings who prioritize responsible food consumption do so with a delighted curiosity.

IMG_5175 2Grey chickens scratch in the dirt at the foot of a hill, bulls live alongside a donkey called Pancha, and pigs come to their feeders curious to see what’s been left for them. Under the roof of greenhouses, vegetables of many colors are carefully grown. It is the dream of a farmer and a paradise for the animals, and even though the animals are raised for food, the owners of Punto Natural 314, Mario and Cecilia Fernandez, make sure they have happy lives, with all their needs met, and are treated with respect.

What originally was the family’s weekend getaway has become a business where Mario and Cecilia have returned to the practices of their father, Sr. Mario Fernandez, who taught them about farming since childhood. A general contractor with a specialty in steel structures, Sr. Mario pioneered the adoption of greenhouses in Oaxaca, which added to his love of the countryside, and he was also successful in experiments with hydroponics. “It was our place in the country when urban sprawl had not spread so far to this side of Xoxocotlán, when it felt far away to get here,” says Cecilia.

Sr. Mario sold his tomato crop at the Central de Abastos in Oaxaca, which he successfully grew in his greenhouses, but the lower priced products from Sinaloa discouraged the experimental farmer and eventually forced him out of business. Meanwhile Sr. Mario’s children both decided to go to university, she to study architecture in Puebla, and her brother to study industrial engineering in Oaxaca. Thus, planting and harvesting at their farm were abandoned for a long time.

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When he graduated, Mario decided to return to the countryside, where as a child he spent his time between a palapa, the swimming pool, and the crops, but now he came to live, and to bring back to life a space that had long been uncared for. He brought animals and cleaned the greenhouses. Of those beginnings, he now says, “I started with just ten hens; the first night one died. I knew nothing about chickens; and so the eggs were only for personal consumption. Then the family started asking me, and the demand increased; more birds arrived … I said if you want more eggs I will give you more eggs. “

Mario is now an expert on his chickens because of all his reading and contacts with veterinarian friends. He is a member of an organization of bird breeders and often makes presentations about keeping chickens and the diseases that affect them. He learned that a rooster is not required, that eggs are produced every 24 hours, that artificial light only accelerates the process of egg formation and disrupts the natural production time, and that unstressed hens need open spaces of a half meter square per hen; he will tell you that in spite of a common industry practice, they do not need their beaks cut because when free they do not seek to harm each other, and he can, in exquisite detail, explain the cycle of an egg.

Shortly after Mario set up shop, Cecilia returned for a vacation and saw the potential in what her brother was doing. They talked about developing a business. “I told him that he couldn’t go out and sell without packaging, without a brand, and so we started to come up with ideas.” With the experience she’d had working in an advertising company, they made the most of their modest knowledge and started to prepare a business. First, the name: overcoming sentiment in tributes to loved ones, such as Huevos Don Pancho and Dona Clarita, they decided to use the combination 314, a numerical figure that has accompanied them throughout lives. It has appeared in the street number of their house, telephone numbers, license plates, and even several times, when asking the hour, the answer has been precisely 3:14. This sequence is simply a friendly reminder and has nothing to do with numerology or some farfetched concept. With a clear idea of what they were hoping to offer, the Fernandez began working the land together, first renovating the greenhouses, fertilizing the earth, and testing seeds, before those first seeds multiplied by hundreds and came to fill various greenhouses with nutritional greens.

IMG_5221 2Punto Natural 314 was born out of the ideas of these two siblings, inspired by their love for animals and plants cultivated with care, and who decided to create a network of shops, or rather, a production ranch and shops that are a bit more than just shops: they act as local distribution points for the products, literally natural points. A project that began about two years ago and opted for a market not yet targeted by this type of produce, such as hotels and restaurants, currently has an impressive customer base, for example both Origin and Pitiona restaurants.

IMG_5231 2“People who know about cooking value our products,” says Cecilia, remembering how in the project’s early days, when she made home deliveries to people who were not always up-to-date on their payments or simply weren’t home at the time of delivery, she felt that some showed little appreciation for the work and the quality of the products. As a result, her most loyal customers are chefs, who also buy meat, milk and other products. They can even develop customised crops on request. The latest is a baby chayote, which in this form offers a heightened sweetness: it is like eating a little fruit, a treat.

IMG_5242 2There are also beets, lettuce, spinach, chard, carrots, onions, and kale in all the sizes you could want; there is parsley, cilantro and poultry (chicken, duck or goose). These are just part of the range of options offered, and the door is also open to requests for new products. They are old-fashioned sellers who remember the days when knowledge of the field was what sold products, when farmers did not use pesticides or agrochemicals to obtain successful harvests. The Fernandez complement their rural training with a formal education and a desire to continue learning, as well as openness to experimentation and awareness of best practices in animal treatment, mixing all of this in a company that guarantees healthy ingredients and a desire to share the good food of its creators.

Frederick J. Silva

Instagram: @aquetesabe

Edited By Michael Sledge