Por Mariana Castillo Hernández
marcastillohernandez@gmail.com/ @marviajaycome
Fotografía: Dalí Nelio

Graciela Ángeles es una mujer de decisión. Su mirada es certera y profunda. También sus palabras. Contagia de emoción escucharla hablar del Proyecto LAM —iniciales en honor de su padre, Lorenzo Ángeles Mendoza—. Y es que el legado de Don Lencho continúa con esta iniciativa que une difusión, conservación, colectividad y enseñanza horizontal, pues el saber mezcalero integra academia y oficio. Estamos en Santa Catarina Minas, con un mezcal en mano. La radio del pueblo suena como fondo y atardece con el color de esas mandarinas que aromatizan el invierno.

Ella explica que el primer paso de esta iniciativa es generar información sobre magueyes y mezcales para luego poderla compartir con otros productores, a fin de hacer democrático el conocimiento. Lo ideal sería que a todos les interese conservar estas especies y su legado cultural. En la actualidad, se está generando, a través de estudios y registros pero el reto posterior es llevar estos datos a un lenguaje más entendible, siguiendo los modelos de las escuelas de campo y de estrategias para hacer accesibles los temas científicos para los campesinos.

LAM vive en Real Minero y cuenta con la asesoría del biólogo Matías Domínguez Laso, quien es investigador y autor de diferentes publicaciones relacionadas con biodiversidad, además de que tiene su propia organización sobre temas ecológicos, CoatziNatura. Otro apoyo es el de William Scanlon y la importadora de mezcales Heavy Metl, quien da la voz hacia el exterior. También están en pláticas con el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIECO) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con el grupo del doctor Alejandro Casas, para iniciar el primer plan de investigación en 2019 sobre dos especies de agaves: americanas y Karwinskiis.

«Queremos hacer dos cosas el próximo año: generar una revista que sea bimestral o semestral. Luego, hacer pequeños cuadernillos con dibujos y una historia muy sencilla, como de cuento, para que se le pueda explicar a los otros la importancia de los polinizadores y de reproducir por semilla, así como el porqué hay que cuidar nuestros magueyes, qué pasa cuando los vendemos antes de que maduren y cómo hacer que crezca esta conciencia que hoy día, creo yo, se está perdiendo», explica.

Esta falta de valoración no es solo por ignorancia o desinterés sino por necesidad, misma que les hace vender el maguey, sin pensar en el futuro, opina Graciela.

«Es responsabilidad de quienes están produciendo a escala mayor y comercializándolo de dar condiciones o certezas al productor para que, si siembran maguey, cuando esté maduro, tenga un precio mínimo de compra. Tenemos que hacer que esto se haga económicamente viable para el productor de maguey pues mientras no hagamos eso solo se va a estar depredando. Esta es una regla básica, y lo que necesitamos, por lo menos los productores, es autonomía», agrega.

Lo anterior es fundamental y empresas familiares como Real Minero conocen la problemática: estar a expensas de que vengan otras industrias a comprar materia prima es dañino. Deben existir condiciones para que los locales tengan la capacidad para comprar el maguey, a un precio justo.
— ¿Qué es lo que te gustaría que sucediera con Proyecto LAM, Graciela? ¿Qué sería lo ideal?

— A mi me encantaría que esto fuera un centro de investigación. Eso creo que sería con lo que yo me sentiría satisfecha. Que empiece en una cosa muy pequeña, rompiendo la idea de que se hace investigación desde la academia o desde una universidad. Creo que todos hacemos ciencia, pero no sabemos que lo que hacemos es justo eso. Es lo que mi papá hubiera querido.

—¿Qué se valore el conocimiento tradicional, el empírico y el de los campesinos, no? Eso es algo muy importante

— Es que quizá los académicos crean que son Dios y que tienen siempre la razón. Y no necesariamente. Es un momento en el que la academia puede ser humilde y reconozca qué hay del otro lado. Por fortuna, hay quienes sí lo ven así: saben que hay conocimientos que ellos no poseen y se acercan a trabajar con las comunidades. Si estos dos universos se entrelazaran, el mundo sería bien diferente.

— Exacto, habría mucho más entendimiento de las cosas.

— Pues yo creo que justo eso sería como la carta más grande a Santa Claus, que esto se convirtiera en un centro de investigación, pero además uno donde puedan participar todos. Hay experiencias en otros países de América Latina donde se han generado, donde los chicos de las comunidades hacen la investigación. Es que en verdad sí se puede, pero en México no se nos ha inculcado esta idea. Hay un montón de prejuicios que debemos de romper, sobretodo en el ámbito laboral. La idea que tienen algunos papás que les dicen a sus hijos que estudiar no es importante y sí lo es. Les dicen que lo mismo come el que estudia al que no y eso no es cierto. Si comemos, pero no comemos igual. Y está demostrado. Y sobretodo, en un país como México, de origen campesino. El campo tiene que comenzar a movilizarse con un discurso distinto. No a través de la negación, no a través del desacreditar a otros. Hay que dejar de criticar al otro para decir “yo no se qué hagan los demás pero yo estoy haciendo esto”.

— Sin idealizar y tampoco satanizar, ser un poco más analíticos también.

— Sí , porque creo que esa va a ser la base y la única salida. Lo que me pasa muy seguido es que la gente viene a conocer el mundo mezcalero y espera encontrar un pueblo tapizado de agave como está Jalisco. Y cuando dicen: “¿y los agaves?”. Y no, aquí no es igual que allá. Entonces, entre la montaña hay un surco de esto y otro de aquello, pero aquí se sigue sembrando maíz, frijol, calabaza y más. Que al productor de maguey no se le olvide que seguimos comiendo.

Para reunir fondos se lanzaron tres botellas edición especial de tres variedades distintas: San Martinero, Becuela y Tobalá. Graciela los define como prioritarios ya que dos de ellos, el Becuela y Tobalá, son silvestres. El San Martinero es un Karwinskii endémico de un pueblo que se llama San Martín (ella lo nombra como «agave de cerca» porque tiene la función de valla). «Con lo que hemos logrado vender ya vamos a tener para el primer folleto, unas postales y para los equipos que se van a adquirir. Es algo muy noble y creo que cuando la gente lo escucha, no necesitas explicarle tanto», añade Graciela.

Cada destilado trae un llavero elaborado por la bióloga Yesenia Gutierrez, originaria del Istmo de Tehuantepec, quien hace manualidades. Hay tres tipos: abeja, colibrí y murciélago. «La idea es que cuando tú veas estos llaveros en otra persona te sirva para identificar que es del mismo clan, que está vinculada a un tema de conservación. Es justo la oportunidad que tenemos como consumidores de sumarnos a un proyecto real, tangible, saber que puedo visitarlo el día que sea y ahí está, estás viendo lo que se está haciendo. Y hay resultados», comparte.

Las ventas de estas producciones limitadas van en un 100% a LAM. De Becuela solo fueron 24 botellas; de San Martinero, 64 y de Tobalá, 100. Todavía hay disponibles y pueden pedirse más informes a info@realminero.com.mx (por esa vía se informa el mecanismo para hacer el pago y los datos para el envío a domicilio).

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Proyecto LAM, the legacy of Lorenzo Ángeles Mendoza

By Mariana Castillo Hernández
marcastillohernandez@gmail.com/ @marviajaycome
Photo: Dalí Nelío

Graciela Ángeles is a determined woman. Her gaze is certain and deep. As are her words. The excitement she expresses when talking about the LAM project is contagious – the initials are in honor of her father, Lorenzo Ángeles Mendoza. The legacy of Don Lencho continues with this initiative that unites difusion, conservation, community and horizontal education, as the knowledge of the mezcalier integrates academy and craft. We are in Santa Catarina Minas, with mezcal in hand. The village radio station plays in the background and dusk is highlighted by the color of those mandarins that aromatize the winter.

She explains that the first step of the initiative is to generate information about magueys and mezcal styles to then be able to share it with other mezcal producers, with the goal of making the knowledge democratic. Ideally, everyone would be interested in conserving these maguey species and their cultural legacy. Currently, the information is being collected, through studies and registries but the challenge that follows is to translate this data into a more understandable language, following the same models of other “farm” schools and strategies to make scientific topic more accessible for farmers.

LAM lives in Real Minero and has the support of biologist Matías Domínguez Laso, investigator and author of different publications related to biodiversity, who also has his own organization involved with ecological issues, CoatziNatura. Heavy Metl mezcal importer William Scanlon also provides support, helping to give the project a voice outside of Mexico. They are also involved in talks with the Ecosystem Investigation Center (CIECO) throught the National Autonomous University of Mexico (UNAM) with Doctor Alejandro Casas’s group, to begin the first formal investigative study plan in 2019 on two agave species: americanas and Karwinskiis.

«We want to do twp things next year: create a bimonthly or quarterly magazine. Then, we want to make small leaflets with illustrations and a simple history, like a story, to explain to the other (mezcal producers) the importance of polinators and reproducing from seed, as well as why it is important to take care of our magueys, what happens when we sell them before they are mature, and how to increase this level of consciousness that lately, I believe, is being lost.” she explains.

This lack of appreciation is not just because of ignorance or disinterest but rather out of necessity, the same that makes them sell maguey, without thinking about the future, Graciela believes.

“It is the responsability of those who are producing on a larger scale and commercializing to give conditions or guarantees to the producers so that, if the plant maguey, when it is mature, they have a minimum buying price. We must make this economically viable for the maguey producer because if we don’t they (the maguey buyers) are just going to continue to prey (on the maguey producers.) This is a basic rule and we need it, at least for the producers, this is autonomy.” she adds.

This is fundamental for a family business like Real Minero tp understand these problems: to be exposed to other industries who come to buy raw materials is damaging. There should be set conditions so that locals can buy maguey at a fair price.

— What would you like to happen with the LAM Proyect, Graciela? What would be ideal?

⁃ I would love for it to be an investigative center. I think with that I would feel satisfied. That it begins small, breaking away from the idea that a study must be done from the academic world or from a university. I think we all are scientists, but we don’t necesarily know what we are doing is just that (science.) It’s what my father would have wanted.

—That traditional and empirical knowledge, as well as the farmer’s knowledge is valued, right? This is very important…

— Maybe the academics believe that they’re God and that they’re always right. And that’s not necessarily true. This is the time when academia should be humble and recognize that there is another side to the story. Fortunately, there are those who see it that way: they know that there is knowledge they do not possess and (for this) they come to the communities. If these two worlds can weave together, the world would be very different.

— Exactly, there would be a better understanding of things.

⁃ Well I believe that exactly this would be the longest letter to Santa Claus, that this (LAM) would convert into an investigative center, most importanly one where all can participate. There are experiences in other Latin American countries where this has happened, where the people from the community lead the study. The thing is, this can really happen, but in Mexico we have not been inculculated with this idea. There are so many predjudices that we should break, above all in the labor work environment. The idea that some parents have and tell their children that it’s not important to study, and it is. They tell them they’ll be able to put food on the table whether or not they study, and this isn’t true. Sure we’ll be able to eat, but not everyone will eat the same food. This is proven. And above all, in a country like Mexico, of farming origins. The farms have to begin to mobilize themselves with a different discourse. No through denial, not by descrediting others. You have to stop criticizing others to say “I don’t know how other people are doing it, but I’m doing it this way.”

– Without idealizing and not demonizing, to be a bit more analyticals too.

⁃ Yeah, because I believe this is going to be the base and the only way out. What happens to me frecuently is people come here to see the mezcal world and they expect to see a countryside covered with agave like you see in Jalisco. And when the say, “and the agaves?” And no, here is not the same as there (in Jalisco.) So between that mountain there’s a grove of that and another of those, but here we still plant corn, beans, squash and more. The maguey farmer can’t forgot that we have to keep eating.

To fundraise they premiered three special edition bottles with three distinct varietals: San Martinero, Becuela and Tobalá. Graciela defines them as priorities since two of them, el Becuela and Tobalá, are wild. San Martinero is a Karwinskii (varietal) endemic to a village called San Martín (she calls it a “fence agave” because it also functions as fencing.)

“With what we’ve been able to sell we’re going to have enough for the first leaflet, some postcards and for the equipment we’re going to purchase. It’s something really noble and I believe when people hear about it, there’s no need to explain much more,” Graciela adds.

Each distilate has a keychain made by the biologist Yesenia Gutierrez, originally from the Tehuantepec Isthmus, who makes handicrafts. There are three types: a bee, a hummingbird and a bat. “The idea is that when you see a person with one of the keychains, it’s like a sign to identify that we’re from the same clan, that were connected to the same topic of conversation. It’s exactly the opportunity we have as consumers to unite with a real, tangible project, and know that we can visit in any day and that it’s there, that you can see what is really happening. And that there are results,” she shares.

100% of the profits from these limited production bottles go to LAM. They produced just 24 Becuela bottles, 64 San Martinero, and 100 Tobalá. There are still some available, to find out more send an email to info@realminero.com.mx (also to find out about payment and shipping options).