En estos poemas, una mujer pasea por el malecón de La Habana mientras se adentra en el luto de un amor perdido; una poeta se sienta bajo la sombra de un árbol y medita acerca de la duración de las cosas; una madre escucha a sus hijos y trata de responder sus dudas, de atesorar sus palabras que iluminan el mundo, al tiempo que se deja sorprender por el milagro de la comunión con quienes más ama.

Solastalgia encierra entre sus páginas un camino para adentrarse en el paisaje y la naturaleza. Estos poemas acometen la contemplación e intentan el imposible de medir la distancia que hay entre el cielo y la tierra, o tal vez sólo habitarla, para dar cuenta de ese territorio; al mismo tiempo, aspiran a entender, a establecer un puente con el ecosistema, con sus misterios profundos, con la manera en que nos deparan ciertos mensajes que se traducen en vuelos de pájaros, en el silencio de las rocas, en el movimiento perpetuo del mar