“El libro de arena”, de Jorge Luis Borges, comienza así: “La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes… ” Ciertos objetos, aunque parezcan nimios, acaban convirtiéndose en lo que para nosotros es el mundo. Algunos más, como diría Humberto Eco, se convierten en inventos insuperables, “como los libros y las cucharas”. Pueden intentar mejorarse, pero, en esencia, servirán para lo mismo. Quien los ha inventado los ha inventado para siempre, como dejando una marca indeleble en la memoria.

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Sin duda, el papel también es uno de esos objetos en los que el hombre es capaz de encontrar su propia forma, configurar unos territorios habitables. Y también existen lugares donde los papeles se reúnen como de manera natural, como inventados por una extraño ensoñación. Uno de esos lugares es, sin duda, el Taller Arte Papel Oaxaca, fundado en 1998.

El papel sigue poseyendo una cierta ilusión romántica:  aquella que perdura en el olor, la forma, el gramaje o en la blancura, aunque también en sus tonalidades de lo más variadas. Un papel solitario no parece gran cosa, pero con el trabajo y las horas puede convertirse en un prodigio para la mirada. O Para la memoria. Un papel es como un corte del espacio. Las fibras que lo forman pueden venir del algodón, que en pacas se reúnen como cúmulos de nubes. Aunque en su configuración también entren en juego resinas, tintas e inclusive cortezas y líquenes.

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En el Taller el papel abandona las inofensivas planicies y trasciende a la tridimensionalidad. Así se forman conjuntos caprichosos, “diseños llenos de sentido en la palma de una mano”, como diría Ernst Jünger. Pueden ciertos cortes acabar convirtiéndose en pétreas joyas, en cajas, en papalotes. Así comprendemos que ciertos animales, como ranas y elefantes, son capaces de volar, con todo y su figura redondeada que, a veces, suele representar al pesado mundo en el que vivimos.El Taller Arte Papel Oaxaca, que se encuentra en San Agustín Etla, y que forma parte de esa obra de arte social que le ha llevado a Francisco Toledo varias décadas, parece existir atraído por la fuerza concéntrica del Centro de las Artes de San Agustín. Surge como un edifico de ladrillos rojos en medio de estanques y árboles. Como el CASA, también una ambiente antiquísimo se preserva en sus piedras. Pero resulta un tanto más discreto. Es una construcción lúdica.

A finales del siglo XIX, el matemático inglés Charles Howard Hinton escribió el cuento “Un mundo plano”; en él se narra cómo sería un mundo de dos dimensiones. Los personajes son figuras triangulares cuyas vidas transcurren con la pericia con la que se viviría una existencia plana: a veces, cuando dos seres se encontraban, uno tenía que saltar al otro, pues era la única manera de rodearlo. En ese mundo eran posibles el amor y la amistad  y,  como en el nuestro, la curiosidad era fundamental. En algún momento alguien se pregunta lo que pasaría si pudiese darse la vuelta.  Desaparece. ¿Cómo imaginar que algo que carece de anchura pueda voltearse? Hinton quería crear una metáfora que aludiera a una realidad cuyos trazos apenas entrevemos. Ciertos hombres se dedican, justamente, a imaginar todo lo que en un objeto puede realizarse, extendiéndole más allá de la obviedad.

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Me refiero al cuento de Hinton porque creo entrever que en el Taller Arte Papel Oaxaca todo es posible mediante planos que se superponen, como a los que se refería Borges, quien era devoto de las ficciones científicas del inglés, uno de los primeros que esbozaron una teoría de la cuarta dimensión.

 Pensaba justamente en este relato después de visitar el Taller. Se puede fabular demasiado porque en el papel parece estar contenido todo.

¿Existe un “Elogio del papel”? Por su puesto que sí, y es el que cada día,  desde  hace años,  llevan a cabo la gente que labora aquí, la gente que de vez en cuando entra por la puerta para observar las creaciones diarias de los artesanos y artistas que colaboran. Visitar el taller equivale a una experiencia sensorial como pocas, si tomamos en cuenta la cantidad de materiales que atraviesan a estos papeles: las maderas, las tintas, los huecos que deja la mano, los clavos, las acumulaciones y accidentes de la materia. Todo es orgánico. En todos los sentidos.


En el Taller de Arte Papel Oaxaca

“The Book of Sand” by Jorge Luis Borges, begins: “The line consists of an infinite number of points; the plane of an infinite number of lines; volume, of an infinite number of levels; the hyper volume, an infinite number of volumes … “

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Certain objects, even if they seem trivial, eventually become what we think of as the world. Others, to quote Umberto Eco, become insurmountable inventions, “such as books and spoons.” We can try to improve them, but they essentially serve the same purpose. Whoever invented them has invented them forever, leaving an indelible mark in the memory.

Undoubtedly, paper is also one of those objects through which man is capable of finding his own plan, setting out habitable territories. And there are places where papers come together as naturally as if they were invented by a strange dream. One of those places is undoubtedly the Taller de Arte Papel Oaxaca, founded in 1998.

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Paper continues to possess a certain romantic illusion: one that endures in the smell, shape, weight or whiteness, but also in its most varied hues. A lone piece of paper does not look like much, but with work and time can become a marvel to look at. Oh for memory. Paper is like a cut in space. The fibres that form it may come from cotton, but when baled appear to be cumulus clouds. In its configuration resins, inks and even bark and lichens come into play.

In the workshop paper leaves the harmless plains and transcends three-dimensionality. So it becomes capricious sets, “designs full of meaning in the palm of a hand,” as Ernst Jünger would say. Some cuts of paper may end up becoming stones in jewellery, boxes, or kites. Through this we can see that certain animals, such as frogs and elephants are able to fly, complete with their rounded figure which sometimes, usually represents the heavy world in which we live.

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The Taller Arte Papel Oaxaca, located in San Agustin Etla, forms part of the work of social art that has taken Francisco Toledo decades. It seems to exist and be attracted by the concentric force of the Centro las Artes de San Augstin. It emerges as a redbrick building in the middle of ponds and trees. Just like the CaSa, it is also an antique environment preserved in its stones. But it is somewhat more discreet. It is a playful construction.

In the late nineteenth century, the English mathematician Charles Howard Hinton wrote the story “A Flat World”; it tells of a world of just two dimensions. The characters are triangular figures whose lives pass learning the skills with which they can live a flat existence: sometimes when two people meet, one would have to jump the other, as it was the only way to move around the obstacle. In this world, love and friendship were possible and, as in ours, curiosity was essential. At some point someone asks what would happen if they could turn around. They Disappear. Now imagine how something lacking width could be rolled? Hinton wanted to create a metaphor alluding to a reality whose outlines are barely glimpsed. Certain men are devoted to imagining what an object can do, extending beyond the obvious.

I mention Hinton’s story because I think it suggests that within the Taller Arte Papel Oaxaca everything is possible, using planes overlap, which Borges, who was a devotee of science fiction in English, referred to as one of the first people to outline a theory of the fourth dimension.

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I thought about this story just after visiting the workshop. You can tell stories too because on paper everything seems to be contained.

Is there a “Eulogy to paper”? Of course, and every day, for years, it has been held in the people who work here, people who occasionally enter through the door to watch the daily creations of artisans and artists collaborating. Visiting the workshop amounts to a sensory experience like few others, if we consider the amount of materials passing through these papers: the woods, the inks, the hand-made gaps, nails, accidents and accumulations of matter. Everything is organic. In every sense.